jueves, 26 de marzo de 2009

EN SUPERFICIE

En el interior de nuestro planeta se diferencian tres grandes capas concéntricas: la corteza terrestre, el manto y el núcleo.

*La corteza terrestre es la capa más superficial de la litosfera. Es una capa de grosor variable compuesta por rocas sólidas. Puede ser de dos tipos: corteza oceánica, que es la corteza de los fondos de los océanos, donde predominan las rocas basálticas; y corteza continental, que es la corteza de las zonas emergidas, donde la composición de las rocas es más heterogénea.

*El manto es la capa intermedia. Abarca desde la corteza hasta los 2.900 km de profundidad. En ella se distinguen dos partes: el manto superior, que está en contacto con la corteza, y formado por rocas sólidas, y el manto inferior, que está en contacto con el núcleo.

*El núcleo es la zona más interna de la Tierra. Una parte del núcleo es sólida y otra es líquida; su composición es muy variable, pero predomina el hierro (imán-magnetismo).

La temperatura de la Tierra aumenta con la profundidad. Así, la temperatura en el núcleo interior se calcula que llega a ser de unos 4.500 °C.

Existen grandes placas continentales ( litosfera) que están activas y dan lugar a los terremotos, movimientos sísmicos y que junto con las dorsales oceánicas (cordilleras y fosas) permiten un estudio geológico y geofísico de las distintas capas terrestres.

Las manifestaciones de procesos de liberación del calor original de la Tierra( de su núcleo-astenosfera) propicia las distintas sacudidas que ocasionan miles de muertos y catástrofes como la de la Falla de San Andrés ( San Francisco) a primeros del Siglo XX, y que puede darse de nuevo.

La escala de Richter nos da la magnitud de estos sismos, que si tienen lugar en grandes poblaciones asentadas en zonas proclives a estos fenómenos las tragedias pueden ser tremendas, por lo que la prevención es un objetivo primordial, aunque resulta imprevisible.

El tsunami ocurrido en Tailandia e Indonesia en el 2004 donde fallecieron más de un cuarto de millón de personas nos hace preguntarnos si era posible un sistema de alerta o de evacuación. La energía descargada, en este caso en el mar, es igual de brutal que en tierra y en cuestión de segundos azota la región que toca, una inmensa ola que llega con una velocidad a la que es imposible escapar.

Los choques, colisiones, fricciones pueden provocar cataclismos serios. Las grietas, aberturas debido a la intensa ebullición intraterrestre puede abocarnos a un apocalíptico final.



En un principio, se cree que los continentes estaban juntos (Pangea) y las placas hicieron que se separan teniendo la forma actual, pero como la Tierra se mueve, es dinámica y constante, esa evolución sigue y conformará otro aspecto pasados cientos de millones de años. Algo que probablemente sólo podramos imaginar, pues resulta impensable creer que el hombre vivirá para contarlo.

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